Azuma Makoto, amor y arte vegetal

Azuma Makoto (Fukuoka, 1976) tiene una relación especial con el reino vegetal; en sus manos, flores, hojas, ramas, árboles, y plantas, se funden, contorsionan, mutan, se desarman y vuelven a ensamblarse, pierden su forma original o ven como esta se sublima, y finalmente terminan integrando un todo que es mucho más que la simple suma de sus partes. En manos del japonés la belleza intrínseca de las formas naturales logra ser aún más espectacular gracias al talento, creatividad, e ingenio humano.

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El amor de Makoto por las plantas no es, como podría pensarse, un sentimiento que ha acompañado al artista a lo largo de toda su vida. Al contrario, el primer contacto profesional que Makoto tuvo con las flores fue cuando se mudó a Tokio para perseguir el sueño de vivir de la música (llevaba tocando en distintos grupos desde el instituto), y encontró trabajo en una floristería. Incluso entonces la elección fue fortuita: solicitó el trabajo porque le quedaba cerca de casa, no porque le interesara el mundo de las flores; de hecho ha confesado que éstas ni siquiera le gustaban. Sin embargo esta percepción cambió completamente en cuanto comenzó a descubrir el universo que atesoraba su nuevo puesto de trabajo

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El trabajo diario, componiendo bouquets y arreglos florales le hizo desarrollar una relación insospechada con su material de trabajo. No tardó en darse cuenta de las enormes posibilidades de expresión que este nuevo medio le ofrecía, y en poco tiempo se dio cuenta de que la floristería tradicional, incluso el Ikebana japonés le parecía demasiado restrictivo “Todos los días trabajaba con flores,  y gracias a esto me di cuenta de que quería una relación más directa con ellas. Tenía el deseo de destacar las características más distintivas de las flores y convertirlas en algo como lo que imaginaba. Hay una manera de hacer las cosas en Ikebana, pero no sentía que fuera la manera correcta de hacerlo para mí. Me pregunté cómo podía satisfacer mi deseo, y finalmente decidí comenzar a hacer las cosas a mi manera”

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Esta determinación le lleva, en 2002, a abrir “Jardins des Fleurs”, una floristería “haute couture” en la exclusiva zona Ginza de Tokio. Su compañero en el emprendimiento fue Shunsuke Shiinoki, amigo, socio, y compañero artístico, que se ha especializado en la fotografía botánica, y es el encargado de retratar todos los trabajos de Makoto, registrándolos para la posteridad.

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“Jardins des Fleurs” le permitió a Makoto desarrollar la investigación y experimentación necesarias para poder dar forma a sus ideas, fundando el abecedario con que las creaciones del artista son compuestas. Son múltiples los medios especializados que le acreditan con la creación de lo que se conoce como esculturas botánicas, una definición que abarca las diversas composiciones que realiza y que suelen combinar elementos vegetales con otros inanimados como maquinaria, cristal, metal, hielo, o distintos tipos de plástico, por ejemplo.

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Estas esculturas botánicas comenzaron a ser creadas alrededor de 2005, y rápidamente llamaron la atención del público, granjeándole a Makoto una creciente fama que no tardó en superar las fronteras de Japón, llevándole a realizar esculturas e instalaciones en museos, espacios comerciales, y lugares públicos en París, Milán, Shangai, Dusseldorf, Bélgica, o México, entre otros.

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El trabajo del artista floral japonés es complejo en su factura, y diverso en su expresión: desde monumentales instalaciones creadas a partir de cientos de miles de pétalos, hasta bonsáis que flotan en el aire suspendidos de cables o viven sumergidos en el agua gracias a un complejo sistema mecánico; el lenguaje de Makoto es amplio y tiene como única constante su intensa relación con las plantas “Creo obras de arte privando a las plantas de su vida, pero en última instancia, tengo un gran respeto por ellas. Las plantas no me pueden llevar ni viceversa, creo que debo moverme en la misma dirección que las plantas y estar en el mismo lugar que ellas. Pienso mucho en la distancia entre las plantas y yo, quiero aceptar a las plantas y ser aceptado por ellas”

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A pesar de esta pasión e intensidad, la obra de Makoto dista mucho de ser seria, de hecho huye de la sobre intelectualización del proceso artístico, y busca siempre introducir elementos de humor en sus creaciones “Creo que el humor es muy importante, no estoy interesado en el arte que los “sabelotodo miran seriamente”. Ha afirmado. Y teniendo en cuenta que uno de sus proyectos más recientes consistió en enviar un bonsái y un arreglo floral al espacio (el proyecto, llamado exobiotanica elevó las plantas, suspendidas de sendas estructuras de fibra de carbono, a la estratósfera mediante el uso de globos especiales, lanzados desde el desierto de Nevada), le creemos totalmente; Azuma Makoto ama las plantas y se divierte haciendo lo que quiere con ellas.